martes, 29 de marzo de 2011

Amor

De querer besar tu boca hasta que nos sangren los labios y de querer abrazarte en el invierno mas crudo hasta que ni un centimetro de tu piel posea ese frio que imagino.
De tomar tus manos y no tener que soltarlas, como si estuvieran soldadas, como si nunca fuera necesario tener que separarlas.
De que llores una y otra vez conmigo, sin excusas ni horarios ni límites... de poder dormir a tu lado todas las veces que yo quiera, de avanzar en el tiempo, de libertad real fuera de los sueños.
De ninguna mentira. De abrazos que no dicen nada...pero gritan todo lo que quisiera oir.
De hablar, o callar, sin tener que pensar que hacer a tu lado. De tardes completas sin guerras internas.
De que me hagas doler y te perdone como si nada pasara. De que yo te grite y al segundo te diga que te quiero...como nunca antes te quise. Como siempre te querría. Como te quiero.
De dieciocho años. De peleas, reconciliaciones, de eternidad y de tranquilidad. De verdad.
De tu perfume, de realidad...de fantasias mágicas.
De lágrimas sinceras, de regalos, de un vals que nunca terminó, de poesias.
De algo que no tengo idea si algun dia va a llegar a concretarse. De algo que no tengo ni idea qué es...
De algo que nunca supe si empezo.
De vos, que no sé si existís, que no sé si sos tan real como decís...
De miradas, de música acústica y rosas rojas... ¿El mayor de los clichés? Bueno... de eso.
De cartas que nunca pasan de moda, de esas que sirven para cualquien momento de nuestras vidas.
De transparencia, de encanto, de una sonrisa.
De una vida de reina por el solo hecho de estar ahí contigo, de sentirme feliz sin que eso me sorprenda. Sin que me sorprenda tanto...
De hacerte sonreir cuando los dias grises golpean tus delicados ojos.
De que leas una y otra vez mis lineas y me evoques en la distancia, y que ésta sea corta. Que practicamente no existan barreras.
De belleza.
De amor.
De lo que tengo para ser, de lo que tuvimos que ser. De lo que seremos.
De todo esto siento deseos.
De todo eso quiero ver un pedazo en mi vida.
Tengo hambre de todo eso.
De todo eso necesito para sonreir, para siempre.

domingo, 27 de marzo de 2011

Los hilos de mi abuela

Todavia me acuerdo de ese día. Era de tarde y yo estaba haciendo compras con mi abuela.
Fuimos a "Lo de Pinocho". En el barrio de mi abuela le decían así y yo nunca supe por qué, ya que era un kiosco sin nombre en la fachada. Habremos comprado pan y algunas otras cosas, como artículos de limpieza y alguna que faltara en la alacena.

Nos cruzamos al kiosco de al lado. Mi abuela pidió que le muestren unos hilos. La vendedora, una mujer relativamente joven, con una linda sonrisa sacó una caja y mi abuela eligió uno. No recuerdo bien el color. Era de tonos rosados.
Lo miró despació y lo volvió a dejar. "Ya tengo este color..." Me dijo, nos dijo, a la vendedora y a mi. Tomó el hilo de al lado de ese y lo compró. Pasó un rato charlando con la vendedora. Quién sabe de qué. Yo tenía cuatro o cinco años, y me aburría.

Esa tarde la vi coser, bajo una planta de higos que, por fotos que ví de cuando yo aún no nacía, estaba en su casa desde hace muchísimo. Yo estaba sentada a su lado, comiendo, seguramente, un postre de esos que ella me preparaba, o haciendo preguntas sin parar, como para dejar bien en claro lo parlanchina que era aún ya desde pequeña.

Mi abuela nació y creció en el campo. En un pueblo alejado de mi ciudad, y ya, en sus últimos años, me contaba acerca de las cosas que hacían, y algo que mencionó varias veces era que sus hermanas y ella hacían la ropa para su padre y sus hermanos, es decir, que sabía coser desde joven.

Pasó esa tarde, y yo la visitaba de vez en cuando. Aprovechavamos el tiempo de manera práctica: ella me ensseñaba cosas toda la tarde o me dejaba mirar la tele mientras me preparaba una chocolatada con masitas. Era siempre lo mismo. Y las dos la pasabamos bien.

Gracias a ella aprendí a coser y me gusta hacerlo. El costurero de mi mamá tal vez haya sido usado en esta casa mas veces por mí que por ella misma.

Hace menos de un año falleció mi abuela.
No fuí a su velorio. Para ser sincera fuí a solo dos en mi vida: El de mi hermano y el de mi abuelo, y en ninguno estuve tranquila. Nunca me dieron motivo para llorar los muertos y me sentía extraña.
Cuándo era mas chica me dijeron que los muertos que tenían a Dios en su corazon, en su vida, me refiero, iban al cielo. Y yo, entonces, suponía que, quien fuera estaría mejor en el cielo que en este mundo. Y eso me ponía alegre.
En el velorio de mi hermano lloré. Si, lloré, pero porque no puedo explicar lo que producía en mi ver a mi madre y mi padre llorando. Lloré luego de que todo pasó tambien, pero por asuntos propios, pensando en los momentos que nunca mas pasaríamos, y eso sí era un motivo para llorar, porque, repito, segun yo, el estaba muy bien. Pero me voy del asunto.

Hace cosa de dos días, creo, mi mamá decidió limpiar un aparador que hay en la cocina. Perteneció a mi  abuela antes. Y ahora está en mi casa.
Lo vaciamos de pies a  cabeza, eso suponiendo que el aparador tuviera pies y cabeza, y encontramos una bolsa de nylon. La abrimos y estaba llena de hilos de colores, botones, alfileres, elásticos y otros tantos objetos de costura.
Mi madre me la dió como estaba y me encargó que cuidara lo que todos sabemos de quién era.

Esa noche sólo colgué la bolsa en una repisa donde tengo mis libros y me fuí a dormir.
La recordé un rato.
Recordé cosas buenas, como el día que compramos ese hilo, y malas, que no vienen al caso.
Recordé, como parte del asunto, que esos hilos me pertenecían. Por una especie de herencia eran míos.
Mi abuela me había dicho que cuando ella ya no puediera usarlos me los iba a regalar. 

El sueño no me dejó tiempo para pensar y me acomodé en las brazos de morfeo.

Hoy al mediodía tomé la bolsa y acomodé uno a uno en una cajita blanca los hilos. Estaba decidida a armar mi costurero, para no volver a usar el de mi madre ya que a ella no le gusta prestarmelo.
Los acomodé con prolijidad, por color, por tamaño, acomodé las agujas.
Acomodar esos hilos me la trajo a la memoria. Otra vez. Una especie de melancolía se decidió a recordarme que ella me había enseñado a hacer el punto cruz y a tejer al crochet.
A recordarme que me preparaba un postre de crema que nadie mas sabe hacer.
Recordarme que...era la última abuela que me había malcriado así, y muchas de las exquisiteces que hoy conllevo son su culpa.
Esos hilos...con os que voy a coser a partir de ahora, sin permitir que se terminen.

Siempre renegué de mi melancolía. Siempre recuerdo cosas que no se aprovechan demasiado.
Pero, que bonito es saber que hay buenos recuerdos que le dan sentido a ser melancólico.

sábado, 19 de marzo de 2011

Hada

Baila su cabello oscuro al viento mientras lágrimas van brotando de sus ojos brillantes.
Llora, y su corazon esta siendo despedazado.
Es hada pero no sabe volar, y no se anima a liberar la música que quema su fina garganta cristalina.
Es una "escribidora" conn un talento arancado de las estrellas. "Despetala" flores aunque una maestra de primaria le dijo que esa palabra no existe. ( Y eso que suena mas real que escribidora...que si existe.)
Oyen sus oidos minucosos, en sus notables orejitas, decir de quienes ya no la quieren que es una cobra venenosa, pero dulce como miel y embriagante su amor fragil de niña.
Sale de la boca de los que nunca la tuvieron entre sus brazos que es deseable y bonita pero malvada y superficial.
Necesita que la amen y no tan solo recibir caricias.
Que la cuiden, que no solo la exhiban como un trofeo de cualquier metal barato duro e inerte.
¡Bah...pobre tonta!
Aunque su vida destile poesía es solo una ilusa del montón. No existe nadie como ella y esto no es, precisamente, un cumplido, sino mas bien una tristeza. ¿Por que no hay nadie como ella...?
Ningun amor es combinable con el suyo porque pide demasiado para un pobre ser humano. Su destino talvez es seguir llorando, sangrando desde las heridas invisibles a los opacos ojos mortales.
¿Quién la manda a ser hada?
¿Quién sabe si no es malo que su magia sea mayor a a de una estrella solitaria desafiando la luz del sol?

viernes, 18 de marzo de 2011

El ángel que no es mío ♥

En sus ojos de paz, o de guerra quizas

esconde algún dolor, o la felicidad

hoy descubro al pensar, puede desconcertar

darse a conocer, es un misterio mas




Lo firme de su voz, lo suave de su piel

confuso es entender, su letra en el papel

su ropa es un umbral, un falso parecer

puede hipnotizar, en tristeza o placer




Su alma hecha de fuego, corazón de viento

al decir la verdad a su lado miento

y el ya lo sabe, y yo lo presiento

si me llegara a amar, perderé el aliento




Mi ángel de la guarda, mi falso instinto

en la muchedumbre, hermoso, distinto

sus manos, su cuerpo, su pelo tan lindo

no lo dejaría, aunque sé que no es mío.