la selva radiante muerta en tus pupilas
el otoño cruje con tus pasos fuertes,
escaso es tu vuelo, en sueños cavilas.
Toda fuerza está en la sangre de tus brazos
cobijo a mi frío, freno a mis caidas
y aunque el cielo nos brinde sol a retazos,
a ti el fuego te habita en todas tus vidas.
El cariño rompe nuestros horizontes
nos quiebra el esquema, ya no se qué somos
la rutina es escalar todos los montes
y que no importe, cuándo, dónde, cómo.
Descubrir tus huellas viejas y perdidas
infierno de hielo, que ya no me importa
¡Que importa! Ya la lista de tus queridas
y si al fin y al cabo, todos se equivocan.
Al rendirnos, al amar sin desahuciarnos
más vale que el oro, que tomes mi mano
y olvidarnos, y abrazarnos sin pensarlo
apagando el dolor, de un modo más sano.
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